Menu

Producto añadido correctamente a su carrito de la compra
Cantidad
Total
Hay 0 artículos en su carrito. Hay 1 artículo en su carrito.
Total productos:
Total envío:  A determinar
Total
Seguir comprando Ir a la caja

CÓMO COCINAR CALABAZA: 4 TEXTURAS Y TRUCOS PARA APROVECHARLA

Categorías : Conoce tus utensilios de cocina Rss feed , Recetas Rss feed

Es muy común que la calabaza decepcione. Se hierve, se tritura y sale una crema anaranjada que sabe más a agua caliente que a calabaza. O se asa y queda blanda y pálida, sin esos bordes tostados que se ven en las fotos. O se prueba el puré para una tarta y, al hornearla, suelta tanto líquido que la base se empapa.

La calabaza es un ingrediente muy agradecido, pero tiene una particularidad: casi todo lo que ocurre con su textura depende de cuánta agua lleva y de lo que hagas con ella. Si la dejas dentro, tienes un puré húmedo y suave. Si la evaporas, consigues sabor concentrado, caramelización y cuerpo. En este artículo vamos a recorrer las cuatro texturas más útiles (asada, puré, cremosa y las semillas crujientes) y como logradas. 

Qué hay dentro de una calabaza

Según la variedad, la calabaza es entre un 86 y un 92 % de agua. El resto son sobre todo almidón, azúcares naturales, fibra (con pectina, que es lo que mantiene unida la pulpa) y pigmentos carotenoides, los responsables del color naranja. Cada uno de estos componentes explica una parte de su comportamiento en la cocina:

  • El agua decide si el resultado es meloso o concentrado. Cuanta más agua pierda la calabaza, más intenso será el sabor.
  • El almidón y la pectina son los que se ablandan con el calor y hacen que la pulpa se deshaga con facilidad. Las variedades con más almidón dan purés más espesos y cremosos.
  • Los azúcares son los que se caramelizan en el horno, y por eso la calabaza asada sabe más dulce que la hervida.
  • Los carotenoides, como el betacaroteno, se disuelven en grasa. Por eso un chorro de aceite de oliva o un poco de mantequilla no solo mejoran el sabor y la textura, sino también el color y el aprovechamiento de estos pigmentos.

No todas las calabazas son iguales

La elección de la variedad cambia mucho el resultado. Una calabaza muy acuosa nunca va a dar un buen puré espeso por mucho que la cocines bien, y una muy harinosa puede quedarse seca en el horno si te pasas. Estas son las más habituales en tiendas y mercados:

Variedad

Textura de la pulpa

Piel

Mejor para

Butternut (de cacahuete o violín)

Densa, lisa y dulce, con poca fibra

Fina; se suele pelar

Casi todo: asada, puré, cremas

Hokkaido (kuri rojo)

Harinosa, con un punto de sabor a castaña

Se come una vez asada

Gajos asados, cremas con cuerpo

Kabocha

Muy harinosa, seca y dulce

Se come una vez asada

Asada, puré espeso, repostería

Moscada (de Provenza)

Muy naranja, melosa y algo húmeda

Gruesa; no se come

Cremas, purés, asada en mitades

Calabaza común (la de Halloween)

Acuosa y fibrosa, de sabor suave

Dura

Poco recomendable para cocinar; mejor para las semillas

 

Si vas a usar una sola variedad para todo, la butternut es la apuesta más segura. Si buscas un puré espeso y con mucho sabor, la kabocha y la hokkaido son una gran opción.

Cómo elegirla y conservarla

  • Escoge una calabaza pesada para su tamaño, con la piel firme y sin manchas blandas ni zonas hundidas.
  • El tallo debe estar seco y duro. Si falta o está húmedo, suele indicar que se cortó antes de tiempo.
  • Entera, se conserva semanas o incluso meses en un sitio fresco, seco y oscuro, sin humedad.
  • Una vez cortada, envuélvela bien y guárdala en la nevera, donde aguanta cuatro o cinco días.

Antes de empezar: cortar sin jugarse un dedo

La calabaza tiene una piel dura y una carne compacta, y cortarla es probablemente la parte más peligrosa del proceso. Con unos cuantos gestos se evita casi cualquier susto:

  • Usa un cuchillo grande y bien afilado. Un cuchillo desafilado resbala sobre la piel y es mucho más peligroso.
  • Apoya la calabaza sobre una tabla estable, con un paño húmedo debajo para que no se mueva.
  • Si está muy dura, pásala dos o tres minutos por el microondas, o cuécela un rato entera a baja temperatura, para ablandar la piel antes de cortar.
  • Córtala primero por la mitad, apoya la parte plana contra la tabla y trabaja desde ahí. Nunca cortes una pieza que ruede.
  • Para pelarla, corta primero los extremos, ponla de pie y baja el cuchillo siguiendo la forma. Un pelador resistente también sirve en las variedades de piel fina.
  • Retira las semillas y las fibras con una cuchara. Guarda las semillas: más adelante veremos qué hacer con ellas.

Calabaza asada: caramelización y sabor concentrado

Asar es el método que más sabor da a la calabaza, porque evapora el agua y permite que los azúcares se caramelicen. Es también la base de las mejores cremas y purés. La lógica es la misma que en el salteado de las setas: mientras haya agua en la superficie, no hay dorado. Por eso importan el calor y el espacio.

  • Temperatura: entre 190 y 200°C para trozos pequeños que quieres dorados. Entre 170 y 180°C para mitades enteras, que necesitan más tiempo para cocinarse por dentro sin quemarse por fuera.
  • Espacio: los trozos deben quedar en una sola capa, sin tocarse. Si se amontonan, el vapor queda atrapado y se cuecen en vez de asarse.
  • Tamaño del corte: cuanto más pequeño, más superficie para dorarse y menos tiempo. Cubos de unos 2 o 3 centímetros son un buen punto de partida.
  • Grasa: una cucharada de aceite por cada 500 gramos de calabaza es suficiente. Mejora el dorado y ayuda a absorber los carotenoides.
  • Sal: Si te preocupa que suelte líquido, añádela al final. UNos pocps granos no deberia afectar mucho el resultado.

Paso a paso: cubos o gajos asados

1. Precalienta el horno a 200°C con la bandeja dentro. Una bandeja caliente ayuda a que los trozos empiecen a dorarse desde el primer momento.

2. Corta la calabaza en cubos o gajos del mismo tamaño, para que se hagan a la vez.

3. Mézcla los trozos con el aceite (y la sal si has optado por añadirla en este punto) en un bol, y extiéndelos sobre papel de horno, en una sola capa.

4. Hornea entre 25 y 40 minutos, según el tamaño, dándoles la vuelta una vez a mitad de cocción.

5. Están listos cuando los bordes tienen un tono dorado oscuro y un pincho entra sin resistencia.

Mitades asadas, para puré y cremas

Si la calabaza va a convertirse en puré o en crema, es más cómodo asarla en mitades. Se retiran las semillas, se pincela la pulpa con aceite y se colocan con la parte cortada hacia abajo sobre la bandeja, a unos 180°C. Tardan entre 40 y 60 minutos, según el tamaño. Cuando están listas, la pulpa se retira fácilmente con una cuchara.

Al colocarlas con la parte cortada hacia abajo, el vapor queda un poco atrapado, así que la pulpa queda muy tierna y el borde que toca la bandeja se tuesta. Si prefieres más concentración y menos humedad, puedes darles la vuelta los últimos 10 o 15 minutos.

Puré de calabaza: la base de muchas recetas

El puré es una de las preparaciones más útiles. Sirve como guarnición, como base para cremas, relleno de pasta o base para ñoquis, y en repostería para bizcochos, tartas y pasteles. Pero un buen puré depende de dos cosas: cómo se cocina la calabaza y cuánta agua le queda.

Cuatro maneras de cocinarla, con resultados distintos

Método

Resultado

Cuando usarlo

Hervida

La calabaza absorbe agua; el sabor se diluye y el puré queda más pálido

Si tienes prisa, pero hay que escurrir muy bien

Al vapor

Conserva mejor el sabor y el color; algo húmeda

Purés suaves, con poco tiempo

Asada

La más concentrada y dulce; con notas caramelizadas

Casi siempre, es la mejor opción

Microondas

Rápida y limpia; tiende a quedar húmeda

Para ablandar una pieza o hacer una cantidad pequeña

 

Cómo conseguir la textura que buscas

  • Para un puré rústico, aplasta la pulpa con un machacador de patata o pasaapurés. Es lo más adecuado para guarniciones.
  • Para un puré fino, tritura con una batidora de vaso o un robot de cocina.
  • Para un puré de textura sedosa, como relleno o repostería, tritura y pása después por un colador fino. Retiene las fibras y deja una textura aterciopelada.
  • Con las variedades más harinosas, como la kabocha o la hokkaido, evita triturar de más: el exceso puede dejar una textura algo pastosa. Mejor pasapurés, o la batidora a pulsos.

Escurrir el puré: el paso que casi todos se saltan

Un puré demasiado húmedo es un problema en cualquier receta que lleve harina, huevo o masa. Si lo vas a usar en repostería, para ñoquis o para rellenos, conviene secarlo primero.

  • Colócalo en un colador forrado con un paño limpio o papel de cocina y déjalo escurrir entre 30 minutos y una hora.
  • O cocínalo unos minutos en una sartén ancha, removiendo a fuego medio, hasta que pierda la humedad y quede más espeso.
  • Una calabaza asada produce menos líquido que una hervida, y exige menos trabajo en este paso.

Como orientación, una calabaza entera, con piel y semillas, rinde aproximadamente la mitad de su peso en puré.

Usos del puré

  • Guarnición: con un poco de mantequilla, sal, nuez moscada y un chorro de aceite de oliva.
  • Repostería: bizcochos, magdalenas, tartas y pasteles, donde aporta humedad, color y dulzor.
  • Salado: relleno de pasta, base de ñoquis, hummus de calabaza o salsa para untar.
  • Base de cremas y sopas, que veremos a continuación.

Conservar el puré

En la nevera aguanta tres o cuatro días en un recipiente cerrado. Congelado, hasta unos tres meses, y lo más práctico es hacerlo en porciones pequeñas (en bolsas planas o en cubiteras) para sacar solo lo que necesites. Al descongelar suele soltar líquido, así que conviene escurrirlo o recalentarlo un poco para recuperar la textura.

Calabaza cremosa: crema, velouté y salsas

La crema de calabaza es probablemente la receta más conocida, y también una de las que más se queda a medias. Para conseguir una textura realmente sedosa hay que cuidar cuatro cosas: la base de sabor, el espesor, la grasa y el batido.

La base de sabor

Una cebolla o un puerro sofritos a fuego suave, un diente de ajo, y si quieres más profundidad, la calabaza asada en lugar de hervida. Asar la calabaza antes de triturarla marca una diferencia enorme: la crema tiene un sabor más intenso, más dulce y complejo, sin necesidad de añadir nada más.

El espesor

Como punto de partida, entre 500 y 600 ml de caldo por cada kilo de calabaza limpia. Es mejor quedarse corto y añadir líquido después que pasarse y tener que reducir. Una patata pequeña ayuda a dar cuerpo gracias a su almidón. Si la crema queda demasiado espesa, se aligera con caldo caliente, y si queda muy líquida, se cuece un poco más destapada.

La grasa: lo que da cremosidad

La sensación de cremosidad no sale solo del triturado. La grasa, bien emulsionada, es la que da esa untuosidad que se queda en la boca. Hay varias opciones, cada una con su carácter:

  • Aceite de oliva virgen extra, que se añade al triturar y emulsiona con el líquido caliente. Es la opción más sencilla y deja un sabor limpio.
  • Mantequilla, para un acabado más redondo y clásico.
  • Nata o leche de coco, para una textura más densa. La leche de coco combina muy bien con el jengibre y el curry.
  • Queso crema, parmesano o un queso azul suave, que aportan cremosidad y sal.
  • Anacardos remojados y triturados, para una crema vegana con mucho cuerpo.

El batido

Una batidora de vaso potente consigue una textura mucho más fina que una de mano, porque trabaja más rápido y con más fuerza. Mantén el motor un minuto o dos, y si quieres un acabado mejor, pasa la crema por un colador fino. Si trituras líquidos calientes, llena el vaso solo hasta la mitad y deja una salida para el vapor, porque la presión puede hacer saltar la tapa.

Equilibrar el dulzor

La calabaza es dulce por naturaleza, y asada lo es aún más. Un plato que solo sepa a dulce acaba siendo empalagoso. La sal, la acidez y las especias lo compensan:

  • Acidez: limón, vinagre de manzana o de jerez, yogur o un toque de mostaza.
  • Especias cálidas: nuez moscada, comino, curry, jengibre o pimentón.
  • Hierbas: salvia (un clásico con la calabaza), tomillo o romero.
  • Ingredientes salados: queso azul, feta, parmesano, panceta, jamón o miso.

La misma base sirve para salsas. Con menos líquido, la crema se convierte en una salsa para pasta, para arroces cremosos o para acompañar carnes. En un risotto de calabaza, por ejemplo, se añade parte del puré al final y el arroz se vuelve cremoso sin necesidad de nata.

Semillas de calabaza crujientes

Las semillas que se tiran al limpiar la calabaza son uno de los mejores toppings que existen, y son gratis. Asadas, quedan crujientes, saladas y con un sabor tostado que contrasta de maravilla con una crema suave. Son además una fuente de grasas saludables, proteína, magnesio y zinc.

Qué semillas se pueden usar

Las semillas de casi cualquier calabaza se pueden comer. Las de las variedades comunes tienen una cáscara blanca que se come entera una vez asada. Las pepitas verdes que se venden peladas proceden de variedades concretas, de semilla sin cáscara, que no son las que normalmente compramos para cocinar. En casa, lo que se obtiene son semillas con su cáscara, y están muy buenas.

Paso a paso: semillas asadas crujientes

1. Separa las semillas de las fibras. Un truco útil: ponlas en un bol con agua y frótalas con las manos. Las semillas tienden a flotar y las fibras se quedan al fondo o se quitan fácilmente.

2. Escúrrelas y sécalas muy bien con un paño o papel de cocina. Cuanto más secas estén, más crujientes quedarán. Lo ideal es dejarlas secar al aire durante una hora o más.

3. Mézclalas con una cucharadita de aceite por cada 100 gramos aproximadamente, y sal.

4. Extiéndelas en una sola capa sobre papel de horno.

5. Hornea a 150-160°C entre 15 y 25 minutos, removiendo cada 7 u 8 minutos. Están listas cuando tienen un tono dorado y suenan secas al moverlas.

6. Déjalas enfriar en la bandeja. Siguen endureciéndose al enfriarse, así que no te alarmes si al sacarlas no están del todo crujientes.

Qué cuidar

  • No subas la temperatura: por encima de 180°C las semillas se queman por fuera antes de secarse por dentro, y amargan.
  • Si las semillas están húmedas, quedan chiclosas. Es el error más común.
  • Una vez frías, guárdalas en un frasco hermético. Con humedad pierden el crujiente en poco tiempo, y si se guardan demasiado tiempo, se enrancian, porque son ricas en grasa. En un bote cerrado y fresco aguantan una o dos semanas.
  • Si se ablandan, vuelven a quedar bien con cinco minutos en el horno.
  • Pimentón, comino y un poco de ajo en polvo, para un toque ahumado.
  • Curry suave o garam masala.
  • Canela con un poco de azúcar o miel, para usarlas en dulce.
  • Salsa de soja o tamari, que da un sabor umami muy marcado.
  • Romero picado con sal gruesa.

Variantes de sabor

Pepitas peladas: tostado en sartén

Si usas pepitas ya peladas, el método más rápido es la sartén seca. Se tuestan a fuego medio entre 3 y 5 minutos, removiendo, hasta que se hinchan, cogen un poco de color y empiezan a saltar. Se retiran enseguida, porque pasan de tostadas a quemadas en un momento.

Dónde usarlas

  • Sobre cremas y sopas, en lugar de picatostes.
  • En ensaladas, para aportar crujiente.
  • En granolas, yogures y bizcochos.
  • Trituradas con aceite, ajo y queso, en un pesto de pepitas.

Un plato con las tres texturas

Lo más interesante de la calabaza es que permite construir un plato entero jugando con las texturas. Un ejemplo sencillo sería esta combinación:

Textura

Qué aporta

Cómo se consigue

Cremosa

Base suave y sedosa

Crema de calabaza asada, con aceite de oliva y un punto de acidez

Caramelizada

Dulzor intenso y bordes tostados

Cubos de calabaza asada a 200°C, por encima de la crema

Crujiente

Contraste y sabor tostado

Semillas asadas con pimentón

 

Con eso, un plato que podría ser monótono se convierte en uno con interés: suave, dulce y crujiente  a la vez. Es la misma lógica que utilizamos en las ensaladas, y funciona igual de bien con cualquier ingrediente de temporada.

Dónde suele fallar esto

Problema

Causa habitual

Cómo corregirlo

La crema sabe a agua

Calabaza hervida, con demasiado líquido

Asar la calabaza, y añadir el caldo poco a poco

El puré suelta agua al hornear

No se ha escurrido, o la variedad es muy acuosa

Escurrir o secar en sartén; usar butternut, hokkaido o kabocha

La calabaza asada sale blanda y sin dorar

Bandeja demasiado llena o horno poco caliente

Una sola capa, 200°C y bandeja precalentada

La crema tiene grumos o fibras

Variedad fibrosa o batidora poco potente

Triturar más tiempo y pasar por un colador fino

La crema es demasiado dulce

Sin contrapunto de sal o acidez

Unas gotas de limón o vinagre, sal y especias

El puré queda pastoso

Triturado en exceso con una variedad harinosa

Usar pasapurés o batir a pulsos

Las semillas quedan chiclosas

No estaban bien secas

Secarlas a fondo y hornear a baja temperatura

Las semillas amargan

Horno demasiado fuerte

No pasar de 160°C y vigilar el final

 

RECETA DE CREMA DE CALABAZA AL MASCARPONE

INGREDIENTES:

  • 1 trozo de calabaza
  • 1 cebolla
  • 2 zanahorias
  • Caldo de ave o agua + una pastilla de ave
  • un trozo de jengibre
  • 250 g de queso mascarpone
  • Sal
  • Pimienta
  • Aceite de oliva
  • Para decorar: Perejil fresco, tomillo o cebollino

PASO A PASO PARA LA CREMA DE CALABAZA:

1.Cortar con un cuchillo una cebolla en brunoise y rehogar en una olla con aceite de oliva.

2.Rallar el trozo de jengibre y se incorpora a la cebolla.

3.Se limpia y se corta en trozos la calabaza y se añade a la olla, salpimentar.

4.Pelar y cortar las zanahorias, luego agregarlas a la olla.

5.Añadir el caldo de ave hasta cubrir, tapar la olla y dejar cocer durante 20 minutos o hasta que la zanahoria y la calabaza estén blandas. 

6.Pasado el tiempo, con una batidora de vaso triturar bien y para finalizar añadir el queso mascarpone y seguir triturando hasta que resulte una mezcla homogénea. 

7.Servir y decorar con perejil o tomillo.

Si quieres aprender más sobre cocina, no te pierdas los cursos de nuestra escuela, encontrarás las opciones de actividades disponibles aquí.

Para más información, visita nuestro blog en Alambique.com

Si tienes cualquier duda, estaremos encantados de ayudarte y asesorarte en nuestra tienda física en Plaza de la Encarnación, 2 en Madrid. O a través de los teléfonos 915474220 y 915597858. 

Entradas relacionadas

Share

facturasPAGO
SEGURO
facturas ENTREGA
24/48h
facturasENVÍO GRATUITO
A PARTIR DE 40€
facturasDEVOLUCIONES
30 DÍAS
facturasATENCIÓN
AL CLIENTE
Suscríbete a nuestra newsletter

Suscríbete a nuestro Boletín

Y disfruta de todas nuestras novedades, ofertas y recetas gratis.

Boletín

91 5474220 y 91 5597858