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Un guiso de setas debería saber a bosque. Muchas veces sabe a caldo con algo blando flotando dentro. Las setas, que prometían tanto en el mercado, se deshacen en la olla, sueltan agua y diluyen la salsa, o salen duras y gomosas, o simplemente desaparecen y lo único que queda de ellas es una sombra gris entre los trozos de carne.
Casi siempre el fallo viene de tratarlas como a una verdura más: echarlas crudas al principio y dejar que el tiempo haga su trabajo. Las setas no se comportan así. Cada variedad tiene su propio ritmo, y además tienen algo que otros ingredientes no tienen: un sabor profundo capaz de redondear todo un guiso, siempre que se usen correctamente. Aquí vemos cómo, cuándo y en qué forma conviene incorporarlas a un guiso, ya sean frescas ó secas.
Una seta es agua en un 90% más o menos, sostenida por una estructura esponjosa. Cuando las cocinas dentro de un guiso pasan dos cosas a la vez: suelta parte de esa agua al caldo y absorbe parte del caldo, con su grasa y sus sabores. Por eso una seta cruda agregada al principio aguaba un poco el guiso y, a cambio, acaba empapada de todo lo que hay en la olla.
Las paredes de sus células contienen quitina, un compuesto distinto de la celulosa de las verduras. Eso explica que una seta no se ablande como una zanahoria: aguanta bien un buen rato de cocción, pero pasado cierto punto, según la variedad, se vuelve correosa o se deshace.
Las setas contienen glutamato libre y nucleótidos como el guanilato. Cada uno por separado da sabor umami, pero juntos se potencian entre sí. Por eso las setas combinan tan bien con otros ingredientes ricos en glutamato, como el tomate, el caldo de carne, el parmesano o el jamón. En un guiso, esa suma es lo que hace que la salsa parezca más profunda y se quede más tiempo en la boca.
Los aromas más delicados, esos que reconocemos enseguida como «olor a seta», son volátiles y se pierden con las cocciones largas. De ahí sale la idea más útil para cocinar con ellas: darles dos papeles distintos. Una parte de las setas aporta cuerpo y sabor de fondo desde el principio, y otra parte entra al final, entera y dorada, para dar textura y aroma fresco.
Son las setas frescas, cortadas en trozos generosos. Para que lleguen bien al plato conviene dorarlas aparte antes de incorporarlas (en el blog sobre el salteado perfecto lo explicamos con detalle) y añadirlas en los ultimos minutos de la cocción. Así conservan textura y aroma, y no aguan la salsa.
Aquí entran las setas secas y su agua de remojo, el polvo de setas, la duxelles, y también los pies y los recortes que normalmente se tiran. Van al principio, aguantan todo el tiempo de cocción que haga falta y dan profundidad al guiso sin tener que estar presentes como pieza en el plato.
Los mejores guisos con setas suelen usar las dos cosas a la vez: una base de sabor al comienzo y unas setas frescas bien doradas al final.
No hay un momento único. Depende de cuánto dure el guiso y de lo que lleve. Como regla general, cuanto más largo es el guiso, más tarde conviene meter las setas frescas.
Tipo de guiso | Cuando entran las setas frescas | Cómo prepararlas |
Estofados largos de carne (ternera, jabalí, ciervo) | Últimos 5-10 minutos | Doradas aparte, en trozos grandes. Las secas, desde el principio |
Guisos de ave y conejo | Últimos 5-10 minutos | Doradas aparte; combinan muy bien con vino blanco o jerez |
Guisos de legumbres (alubias, lentejas) | Últimos 10-15 minutos | Las secas se echan con el sofrito; las frescas, doradas y por encima del guiso casi terminado |
Guisos de verduras y patatas | Cuando la patata esté casi hecha | En trozos medianos; no necesitan más de 10-15 minutos |
Salsas cremosas (con nata o vino) | Últimos 10-15 minutos | Doradas y escurridas del exceso de grasa antes de añadirlas |
Ragús y salsas de setas | Al empezar, 20-30 minutos | Picadas muy finas o en duxelle, para que se integren en la salsa |
Fricandó y guisos de ternera en salsa | Últimos 10-20 minutos | Se hace tradicionalmente con setas de temporada, como el moixernó (seta de San Jorge o perrechico), doradas aparte |
Un detalle que se olvida a menudo: las setas encogen mucho al cocinarse y pueden perder hasta la mitad de su volumen. Por eso conviene cortarlas más grandes de lo que parece razonable, porque lo que echas como un trozo generoso se queda en la mitad cuando llega al plato.
No todas resisten igual. Las de carne firme soportan un buen rato de cocción; las delicadas necesitan solo unos minutos.
Seta | Aguante | Cuando añadirla | Nota |
Champiñón y portobello | Medio | Últimos 15-20 minutos | El portobello aguanta más que el champiñón blanco. Los pequeños enteros. |
Shiitake | Alto | 20-30 minutos | Se quita el pie duro, pero no se tira: va al caldo para darle sabor |
Seta de cardo | Alto | 20-30 minutos | Carne muy firme; en tacos o rodajas gruesas |
Boletus | Medio-alto | Últimos 10-15 min | Para conservar el aroma. El boletus seco, en cambio, va desde el principio |
Níscalo | Alto | 20-25 minutos | Firme; muy bueno en guisos de carne |
Rebozuelo | Medio | 10-15 minutos | Si se pasa de cocción se vuelve correoso |
Seta ostra | Bajo | 5-10 minutos | Delicada; se añade al final |
Enoki | Muy bajo | 1-2 minutos, justo al servir | Conviene cocinarla siempre y no tomarla cruda |
Trompeta de la muerte (seca) | Alto | Desde el principio | Deja un caldo oscuro y muy aromático |
Morilla | Medio | 15-20 minutos | Nunca cruda. Es hueca por dentro, así que hay que lavarla bien y secarla |
Los tiempos son orientativos y dependen del tamaño del trozo y de la intensidad del hervor. Un guiso que burbujea fuerte machaca las setas mucho más que uno a fuego muy suave. Prueba una pieza antes de dar el guiso por terminado.
Las setas secas son una de las mejores herramientas para un guiso. El secado concentra el sabor, y en algunas variedades, como el shiitake, se sabe que la rehidratación en agua tibia favorece la formación de guanilato, uno de los compuestos del umami. Una pequeña cantidad cambia por completo el fondo de un guiso. Las más habituales son el boletus, el shiitake, la morilla, la trompeta de la muerte y las mezclas de setas del bosque.
Como referencia, 10g de seta seca se convierten en algo más de 50g una vez hidratadas, y aportan un sabor equivalente al de bastante más cantidad de seta fresca.
Es probablemente lo más valioso de todo el proceso. Ese líquido oscuro lleva buena parte del sabor de las setas. Úsalo como parte del caldo del guiso. Si te ha quedado muy concentrado, redúcelo en un cazo antes de añadirlo; si es poco, mézclalo con caldo.
Si trituras setas secas en un molinillo, obtienes un polvo con un sabor potentísimo. Una cucharadita añadida al sofrito, a una salsa o al guiso a media cocción da profundidad sin añadir líquido, y ayuda a ligar un poco la salsa.
La duxelle es un picadillo de setas, normalmente champiñón o una mezcla, cocinado hasta que ha perdido casi toda el agua y queda como una pasta oscura y concentrada. Es un recurso clásico de la cocina francesa que sirve para rellenos, salsas y guisos, y que en un guiso aporta cuerpo y un sabor de fondo muy marcado.
Dos cucharadas de duxelle añadidas al principio de un estofado dan una profundidad que cuesta conseguir de otra forma. Se congela muy bien: puedes guardarla en porciones pequeñas (en una cubitera de hielo, por ejemplo) y sacar lo que necesites.
Límpialas con un paño o un cepillo, acláralas rápido solo si hace falta, y córtalas en trozos grandes. Guarda los recortes y los pies duros: no son para el plato, pero sí para el caldo.
En una sartén muy caliente, en una sola capa y en tandas, hasta que estén doradas por los bordes. Retíralas a un plato. Este dorado es lo que da aroma tostado al guiso, y hace que la seta aguante mejor la cocción posterior. No hace falta que queden hechas del todo: van a terminar de cocinarse en el guiso.
Si has dorado las setas en la misma olla, no la limpies: ese fondo pegado es sabor. Haz el sofrito encima (cebolla, ajo, puerro, zanahoria según el guiso) y desglasa con un chorro de vino, jerez o brandy, raspando bien el fondo.
Añade la carne sellada, el tomate si lo lleva, el caldo y las hierbas. Aquí entran las setas secas, el agua de remojo ya filtrada, la duxelle, y los pies y recortes de las setas frescas. Deja cocer el guiso hasta que esté casi en su punto.
Mira la tabla de arriba. Mezcla con cuidado, sin remover de más, para que no se deshagan, y deja que el guiso termine de hacerse a fuego suave.
Si la salsa ha quedado ligera, retirala y redúcela. Prueba y rectifica de sal al final, porque tanto el caldo como el vino, el jamón o el agua de remojo ya aportan sal y sabor.
Un puñado de perejil picado, unas gotas de limón o de vinagre para dar frescura, y si quieres, unas pocas setas doradas por encima, que se vean.
En olla a presión las setas frescas se pasan con facilidad. Lo más recomendable es cocinar el guiso con las setas secas y la duxelles como base, despresurizar, y añadir después las setas frescas doradas para que terminen unos minutos con la olla abierta.
En olla de cocción lenta, el mismo principio: dora las setas aparte y añádelas durante la última media hora o la última hora, no al principio de las seis u ocho horas.
En el horno, en cazuela, las setas pueden entrar en la ultima fase (ultimo 20% de la cocción), con la cazuela destapada para que el líquido reduzca y los bordes se tuesten un poco.
Los guisos con setas mejoran de un día para otro, porque los sabores se asientan. Pero las setas, con el recalentado, se ablandan. Una forma de aprovechar lo mejor de los dos días es guardar el guiso con las setas de fondo y, al recalentarlo, añadir unas setas recién doradas por encima.
Se dice mucho que recalentar setas es tóxico, y no es cierto en sí mismo. El riesgo real es el que tiene cualquier alimento con proteínas: si se deja mucho tiempo a temperatura ambiente, crecen bacterias. Si enfrías el guiso rápido, lo guardas bien y lo recalientas por completo, las setas no tienen nada de especial en ese sentido.
Todo lo anterior vale para setas de cultivo y de monte, pero con las silvestres hay una advertencia sin matices: solo se comen setas que haya identificado correctamente una persona con conocimientos reales. Hay especies tóxicas, algunas mortales, que se parecen mucho a las comestibles, y no existe ninguna prueba casera que sirva para distinguirlas.
Hay además una cuestión que afecta directamente a los guisos. Algunas setas comestibles son tóxicas o provocan molestias si se comen crudas o poco hechas, como la morilla, y un guiso bien cocinado resuelve ese problema. Pero hay otras, como el coprino de tinta, que provocan una reacción desagradable si se toma alcohol cerca del momento de comerlas, y muchos guisos llevan vino. Es otra razón para cocinar únicamente setas bien identificadas.
Problema | Causa habitual | Cómo corregirlo |
El guiso queda aguado y sin sabor | Setas crudas echadas al principio, que sueltan agua | Dorarlas aparte, añadirlas al final y reducir el guiso destapado |
Las setas salen grises, blandas o deshechas | Demasiado tiempo en la olla o cortadas muy pequeñas | Trozos grandes y añadirlas en el último tramo, según la tabla |
Quedan correosas | Variedades delicadas (rebozuelo, morilla) pasadas de cocción | Ajustar el tiempo y añadirlas más tarde |
La salsa sabe a tierra o tiene arenilla | Agua de remojo sin filtrar o setas mal limpiadas | Filtrar con filtro de café o estameña fina; limpiar bien las setas antes |
La salsa sabe a «champiñón» y poco más | Una sola variedad y poco umami | Mezclar variedades y añadir setas secas o duxelles |
Sabor amargo | Dorado quemado o ajo quemado | Vigilar el fuego y desglasar a tiempo |
Guiso grasiento | Las setas absorbieron mucho aceite o mantequilla al dorarlas | Dorarlas con poca grasa y retirar el exceso antes de desglasar |
Al día siguiente las setas están blandas | Recalentado largo | Recalentar con suavidad y añadir setas recién doradas por encima |
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