Desde que recuerdo, siempre he tenido espíritu emprendedor, o al menos innovador para mi entorno. De pequeña me inventaba mil y una opciones de productos para la venta, siempre estaba cocinando en casa, inventando recetas de otros países y vendiendo los dulces que hacía.
La labor comercial y el trabajo siempre han estado presentes en mi vida, empecé siendo monitora de tiempo libre con 16 años, luego fui azafata de eventos, y siempre estaba organizando los grupos de los viajes de fin de curso y carrera, los paseos de fin de semana o las comidas en los restaurantes más singulares. Puede que mi abuelo Tomás, que era comerciante textil, haya influido porque siempre le acompañaba a negociar los materiales, las condiciones de los proveedores y el contacto con la clientela, que era lo más importante.
Mi vida nunca ha estado exenta de escuchar historias de vida, mujeres y hombres que conocían y valoraban su entorno y sus productos, que disfrutaban con lo que hacían, o que se complicaban la vida, y me enseñaron a valorar lo que nos brinda la naturaleza, a cuidarla y a disfrutar de ella.
Inicié mi andadura profesional después de estudiar psicología al otro lado del charco por más de una década en Cooperación Internacional: Ecuador, Colombia o Perú fueron destinos que me regalaron historias de vida personal y profesional maravillosas. Y es que es allí donde dirigiendo Centros de apoyo al emprendimiento en Cámaras de Comercio, impulsando cátedras de emprendimiento en Universidades, y favoreciendo la creación de Centros de apoyo a mujeres emprendedoras, tuve la oportunidad de saber de qué se trataba este apasionante mundo del emprendimiento y todos los caminos, a veces pedregosos, que había que recorre para convertir una idea en un proyecto real, viable y sostenible.
Una vez de vuelta en Madrid hace 15 años tuve la ocasión de llevar la gestión financiera de una ONG y la justificación de proyectos a nivel europeo, siempre con diferentes países y en contacto con diferentes culturas, donde también encontré obstáculos, retos y dificultades que fui solventando, siempre viendo todo como un aprendizaje vital.
Quise seguir formándome y elegí los Masters de Responsabilidad Social Corporativa y de Periodismo Gastronómico, porque lo social, el pan y la comida siempre han estado presentes en mi vida. Excusas perfectas para reunirse y compartir experiencias.
He realizado apertura de negocios locales como El Portical en la sierra de Madrid, o el nacimiento y crecimiento de la panadería artesanal Amasa donde escribimos nuestro libro “Toma Pan y Moja”.
3 letras PAN es mi último proyecto desde el que desarrollo cursos, talleres, asesorías especializadas y experiencias sensoriales únicas.
Actualmente compagino mi carrera profesional con la de coordinadora de viajes en Paso Noroeste, porque creo firmemente que el PAN mueve el mundo.
Combino creatividad, aprendizaje y conexión humana a través del arte de la PANadería.

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